Las Heridas

«Tu guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti; todos los que concentran en ti sus pensamientos! Confíen en el Señor, porque el Señor Dios es la Roca eterna.»

Isaías 26:3-4

Hay heridas que nos hacen caer profundo, que nublan nuestra visión y acaparan nuestras emociones. Muchas veces guardamos esas heridas y nos apropiamos de ellas, la hacemos parte de nuestra personalidad y de nuestro estilo de vida. Hay heridas que han sido causadas por la inhabilidad de tomar decisiones bajo la dirección de Dios, como heridas causadas por personas de confianza, y heridas causadas como plan estratégico del enemigo para volvernos inefectivos en la vida.

El dolor, quebranta o paraliza

El dolor es indescriptible pero todos en algún momento de nuestras vidas tenemos un encuentro con el dolor, su magnitud calza diferente en las personas. Hablemos de Job, un hombre que tenía de todo y no tenía ningún tipo de necesidad. Tenía esposa, hijos, tierras, hogar y provisión. Job era intachable, integro, temía a Dios y se apartaba de todo lo maligno (Job 1:1). No todos tenemos el perfil de Job, pero podemos relacionarnos con su situación. En su momento de prueba lo perdió todo. Perderlo todo, de repente, sus posesiones, sus hijos, su provisión: y su reacción fue se levantó , rasga su vestido en señal de dolor, rasura su cabeza y se postró a adorar el Señor. Estaba quebrantado y reconoció que solo Dios puede manejar su quebrantamiento. Yo no reacciono así y me atrevo a señalar que la mayoría no reacciona así, el dolor nos paraliza de tal forma que hasta pestañear puede costar. Cargamos el dolor, nos hacemos películas en nuestra mente de que tal si hubiera hecho esto, si hubiera dicho esto, si conocieran esto, y etc. Seguimos dándole vuelta al dolor y a la situación, que hasta a veces los que están alrededor echan combustible para aumentar el dolor (Job 2:8-10).

La clave nos fue dada en el primer libro de Job para manejar las heridas que cargamos:

  • Job se levantó, esto infiere que en momentos de angustia, de sorpresa y de dolor, tenemos que levantarnos en Dios y mantenernos íntegros pese a la circunstancia.
  • Job se rasgó su vestido, las señales del dolor son vigentes en nuestra vida y nuestro diario vivir, debemos reconocer el dolor y no esconderlo.
  • Job se rasuró, quito todo lo que podía nublar su visión, su mente y se hace en señal de desprendimiento y dolor.
  • Job se postró a adorar, reconocer que no podemos lidiar con la carga del dolor y entregársela a Dios, y adorar porque la herida no puede desconectar tu adoración.

No podemos dejar que el dolor paralice nuestra adoración, nuestra fé y confianza en Dios. Él tiene el poder de sanar, transformar, y restaurar nuestra vida.

Todo en sus Manos

Una de las claves principales del libro de Job es que ‘Él reconoce a Dios en toda circunstancia.’ Satanás aun con permiso de Dios, le dio con todo lo que tenía para hacerle menguar su fe, su integridad e identidad en Dios. ¡No lo logró! Porque Job reconoce que todas sus pertenencias, que todo lo que rodea su entorno– ¡es añadidura! Job solo se postró a adorar y en la mas cruel circunstancia de su vida. Él reconoce que solo necesita de Dios. Una muy importante lección de este libro. Todo hay que dejarlo en sus manos, el dolor y toda herida emocional. Reconocemos el dolor, experimentamos el dolor, pero no es para vivirlo toda la vida y la respuesta para poder continuar es entregarlo en las manos de Dios. Nuestro Dios quiere que estemos llenos de gozo, de paz, de su infinito amor y misericordia. Todo se lo entregamos en sus manos y sabemos que obra para bien en sus manos.

Entiendo que cada proceso es diferente y difícil, mas Dios ha hecho una promesa para con nosotros:

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36 Como está escrito:
    Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
    Somos contados como ovejas de matadero. 

37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8: 35-39 Reina-Valera 1960

En lo más profundo clame y Jehova escucho mi voz, aun en la peor circunstancia que puedas estar cruzando, allí esta Dios. Oro para que Dios te sumerja en su paz, la paz que sobre pasa todo entendimiento, que puedas entregar tu dolor y tu herida en sus manos. ¡Qué su luz siempre resplandezca sobre ti!

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